Retahílas l Bruno León, papá gestante

Sigo a Bruno León en redes desde hace tiempo. Admiro la vehemencia con la que defiende aquello en lo que cree, así como el desparpajo con el que expone sus argumentos. En breve va a ser papá y sus miles de fans hemos sido testigos de todo el proceso paso a paso, desde que su chica y él decidieron recurrir a la inseminación artificial. Primero se sometió ella al tratamiento, pero después de tres intentos fallidos fue Bruno el que puso su cuerpo en manos de la ciencia, y se obró el milagro.

Debo añadir un matiz importante: Bruno es un chico trans. Eso significa que si bien su identidad es masculina, que lo es, nació con útero, ovarios y genitales femeninos. A los cuatro años le preguntó a su madre cuándo le iba a crecer el pene y aunque su respuesta no le gustó jamás puso en duda que era un niño.

La noticia de su embarazo ha provocado un aluvión de reacciones que van desde la adoración más absoluta hasta el odio más acérrimo. Formular cuestiones como: «¿Y por dónde va a nacer?», «¿Y no aumentará eso tu disforia?» o llamarle caballito de mar —lo que impulsó a Bruno a tatuarse este simpático animalito en el antebrazo— se cuentan entre las más suaves. Luego están los que amenazan, incluso, con avisar a servicios sociales en cuanto nazca la criatura para que se la entreguen a una familia «normal».

Menos mal que Bruno y Kenia cuentan con el amor y el apoyo de su familia entera, y no me refiero solo a la biológica.

A ti, que estás leyendo esto, un único consejo: si no entiendes, pregunta. Dudar es de sabios. Pero hazlo con la mente abierta, sin juzgar ni condenar.

Mar Montilla

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