Espai i temps

Paco Candel, possiblement durant el seu viatge al Rincón de Ademuz (1964), acompanyat del Xavier Fàbregas i de l’Antonio Orihuela, un dels quals podria ser l’autor de la fotografia. De les topades amb la Guardia Civil i la justícia, va deixar testimoni en un llibre del mateix títol (1968)

Pel Rubén Cruz

Ja em disculpareu els que m’ho heu recordat, però no he pogut acudir a la cita del dia 15 de setembre, assenyalada per publicar aquest article d’opinió. Ho faig una setmana més tard, i miraré de publicar el següent la data prevista.

Parlem, aquí i ara, de dues de les dimensions conegudes del nostre món, que cenyeixen la cintura de les nostres vides. I ho fem republicant els articles que Candel va publicar a la seva columna mensual a La Marina:

  1. L’espai
    • A la sombra de Montjuic en flor ………………………………. LM núm.   54, octubre del 1998
    • ¿Sois excursionistas? …………………………………………... LM núm.   97, juliol-agost del 2002
    • Buscadores de oro ………………………………………………. LM núm.   55, novembre del 1998
    • Periferia, lo que antes era suburbi …………………………... LM núm. 120, setembre del 2004
  2. El temps
    • ¿Qué es el tiempo? ……………………………………………… LM núm. 116, abril del 2004
    • Señor San Jorge Manrique, Santo de mi devoción ………... LM núm.   65, octubre del 1999

L’espai

Candel diu que l’home s’hi adapta on li ha tocat viure.

«La terra mana, i els homes ens hi humiliem. […] La terra és per a llaurar-la, per a construir-hi, per a edificar-hi.
[…] L’home s’aclimata. La terra és impertorbable. L’home estima la terra on viu.»
(Candel. Los otros catalanes. «Homenatge a Catalunya», a La Jirafa, núms. 13 i 14, 1958)

El paisatge ens afaiçona. Tant l’espai natural del camp com l’artificial de la barraca i la indústria.

«Estos barrios son, poco más o menos, como una perdigonada en una sábana. […] (Más que perdigonadas, parecen remiendos, ¿no? Prosigamos)
(Candel. «Estas tierras son un mantel», a Donde la ciudad cambia su nombre, 1957)

Ortofotografia de Carlos Rodríguez Escalona, per a SACE (Servicios Aéreos Comerciales Españoles), publicada a la cartoteca de l’Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya
https://cartotecadigital.icgc.cat/digital/collection/fsace/id/15784/

Vertebren el paisatge la barraca i la fàbrica, sempre en un plural que aclapara. Candel ho explica amb belles paraules a Han matado a un hombre, han roto un paisaje (1959):

«Las barracas fueron una epidemia, como la gripe, sólo que la gripe se pasa […] y ellas continuaron. […] son como seres vivos: crecen, procrean, se multiplican, se desarrollan. Son como los ríos: desbordan, invaden, ocupan. Son como los árboles: arraigan.

[…] Las barracas siempre son pequeñas. […] El pobre siempre teme abusar. […] ¿Será tal vez porque las barracas siempre son una disculpa, un usted perdone?

[…] Las barracas son una necesidad, fruto de una necesidad, pero no son necesarias.

[…] Las barracas, que son como una especie de lacra para las ciudades […] algo así como una bofetada moral, para el campo y sus moradores, no.

[…] Las barracas, al campo, le caen como un guante. Las fábricas, no. […] La barraca compone, hace paisaje. La fábrica, lo rompe.

[…] Detrás de la ola de barracas había la perspectiva de la ola de fábricas, ésta no preocupaba a los gobernantes, es el progreso.»

(Candel. «Divagación, apología, lanza, glosa, lo que se quiera, en torno, sobre, por, de las barracas», a Han matado a un hombre, han roto un paisaje, 1959 i 2002)

«las antiguas fábricas, las que llevaban años allí, las que parecían tan antiguas como el paisaje, se ensanchaban, se remozaban, se renovaban. Prosperaban, ¿no se dice así? […] Eran como un traje viejo lleno de vistosos remiendos. Las otras, las flamantes […] Las fábricas nuevas se levantaban donde hacía poco había habido núcleos de barracas.

[…] Las nuevas fábricas, por el contrario, eran como soberbias bofetadas al paisaje».
(Candel. «Fábula de los cuernos», a Han matado a un hombre, han roto un paisaje, 1959 i 2002)



A la sombra de Montjuïc en flor
 
Siempre he vivido a la sombra de la Montaña de Montjuïc, en flor, en flores lozanas unas veces (jardines de la Exposición, naturaleza exuberante), otras unas flores trágicas (fusilamientos en los fosos de su castillo), nauseabundas también (núcleos barraquistas, vertederos de basuras), finalmente deportivas y modernistas (Anillo Olímpico).
 
Si la historia no es anterior al nacimiento de uno, sino que empieza cuando adquieres memoria, mi primer recuerdo histórico es esa montaña. Con motivo de construir en ella la Exposición, mi padre emigró hacia aquí. Luego llegamos mi madre y yo. La vivienda que mi padre nos tenía preparada era una barraca. Es mi primer fulgor memorístico. O bien la memoria del niño embellece los recuerdos, o no era una barraca siniestra como las que levantaron las fuertes inmigraciones que llegaron después. Era una barraca de suelo entarimado, huerto y una glorieta con una parra.
 
Luego conseguimos una vivienda en las Casas Baratas y, sobre todo si te acercabas al paseo de acacias cercano, veías la silueta de Montjuïc y la masa fosca del cementerio encarado al mar. A su lado había las ruinas de un lazareto que en tiempos había albergado leprosos…
LM núm. 54, octubre del 1998

Muntanya de Montjuïc vista des del mar. Fragment del dibuix de la ciutat de Barcelona, per l’artista flamenc Antony van den Wyngaerde (1563) Fotografia publicada a Wikimedia.

Tot i que el dibuix presenta la cara visible de la muntanya, posant terme i fi a la ciutat pel Sud, al peu de la seva cara oculta hi havia terres plantades de vinya, cereals i hortalisses, i també casetes i masos de pagesos que les conreaven. Encara havia de néixer Can Tunis i la Zona Franca.

Hem vist la transformació del paisatge rural en suburbi industrial, de la qual parlava en directe l’autor. I ens torna a parlar del paisatge a ¿Sois excursionistas?, el juliol-agost del 2002

¿Sois excursionistas?

Ir de excursión no es cualquier cosa; no es coger el coche e ir de restaurante a una población fuera de la tuya donde es fama que se come bien. En mi época de reportero, habiendo escrito sobre lugares donde arribaba la gente masivamente, hablé de Las Planas, donde se acudía gregariamente a guisar y comerse una paella, sobre todo en días festivos. El Centre Excursionista de Catalunya me escribió agradeciéndome no haber calificado de excursionistas a aquellos glotones domingueros.
 
El excursionismo es algo más trascendental y serio. Pere Corominas dijo que «Els catalans són el fruit d’un paisatge i no d’una raça». Yo he corroborado y afirmado que Catalunya no es una raza, sino un conjunto de voluntades.
 
En cuanto al paisaje, siempre he llorado su desaparición y su asesinato. Una de mis novelas más patéticas se titula Han matado a un hombre, han roto un paisaje. Constantemente asistimos al crimen sistemático y asolador que se efectúa contra los paisajes conspicuos o cotidianos y contra los exóticos o maravillosos. Lo abrumador es la indiferencia con que los hombres los asesinan y otros hombres, igualmente indiferentes, lo consienten. Ya sabemos que los primeros son impecables, pero…
LM núm. 97, juliol-agost del 2002

Si sou excursionistes de Montjuïc, reconeixereu la torre dels senyals en primer pla, i Barcelona vorejant la línia de costa, al peu i al fons.

La ciutat de Barcelonavista des de la muntanya. Dibuix de Antony van den Wyngaerde (1563)

El territori marca la pertinença dels grups i comunitats humanes. També fixa a la memòria els records dels individus, que els associen al grup i a l’espai. Qualsevol espai és adient per a identificar-lo amb el temps viscut, i amb la colla. Ho podem veure a Buscadores de oro, article de Candel publicat a La Marina el novembre del 1998.

Però els records festius associats a la Muntanya que hi esmenta són anteriors a la guerra, o fins i tot posteriors, però no del temps de guerra, durant els quals la gent dels encontorns es refugiava dels bombardejos nocturns a la mina de terra d’escudella, al peu del Polvorí. Quan van sovintejar també de dia, van obrir molts nous forats a la Muntanya per protegir-se. Ho explica vint anys després a «Segunda parte. La guerra», a Han matado a un hombre, han roto un paisaje (Candel, 1959 i 2002).

L’escriptora Isabel Olesti, a través del Roc, barraquista i asilat al Port, protagonista de la novel·la La muntanya dels secrets (2005), dona fe dels forats que es comunicaven mitjançant una extensa xarxa de passadissos que portava cap al Parc d’Atraccions (1966-1998)… Potser cau en un excés d’imaginació, però el Roc és un personatge real que na Olesti va conèixer i entrevistar per explicar la seva història personal. Podria ser també un personatge de les primeres novel·les del Candel, escriptor més realista que imaginatiu, perquè el seu relat surt de la vida d’aquests barris, aleshores encara suburbials, avui perifèrics i en procés de connectar-se amb la ciutat.

Buscadores de oro

Cuando estalló nuestra guerra civil, la Montaña de Montjuïc siguió proyectando sobre mí su sombra benéfica. Quiero decir y añadir que, para nosotros, la gente que vivíamos en sus inmediaciones, o en su falda, nunca fue la Montaña de Montjuïc, digamos que con nombre y apellidos, sino, escueta y familiarmente, la Montaña, igualmente con mayúscula, siempre con mayúscula, y así íbamos a la Montaña o veníamos de la Montaña, sobre todo en ciertas festividades como el día del Entierro de la Sardina, que celebrábamos el Miércoles de Ceniza dentro de la Cuaresma, o el Jueves «llardero», día de la Tortilla. El día del Entierro de la Sardina desfilábamos todos hacia la Montaña con una caña al hombro y un arenque colgado en la punta.
 
Un día alguien dijo que en la falda de la Montaña habían encontrado oro. Corríamos que nos pelábamos hacia allí con picos, palas y azadones. Mi primo Isaac y yo llevábamos una picoleta. Siempre que veo películas del Oeste en las que se desata la fiebre del oro, recuerdo el trozo que acotamos mi primo Isaac y yo con la picoleta.
 
Así empiezan unas memorias mías que no escribo, ahora que todo el mundo escribe memorias.
LM núm. 55, novembre del 1998



És un efecte del temps que l’espai canviï. Ja hem vist que a la ciutat industrial li creix el suburbi a costa de l’espai agrícola.

«Estamos en unos barrios fabriles. Unos barrios que antaño fueron verdes, como otro valle literario, con campos y más campos, todo muy poético, y hoy han sido invadidos por fábricas, chimeneas y más chimeneas, llenándolo todo de polvillo negro, de detritus, de ríos de ácidos que han suplantado a los cristalinos de antes. Son unos barrios ricos y pobres al mismo tiempo, unos barrios que ofrecen el contraste disparatado.»
(Candel. «El dispensario», a Donde la ciudad cambia su nombre; 1957).



Hi contraposa Sagarra la transformació de la ciutat per la indústria de la classe burgesa, i la difícil conversió del pagès en obrer, que el primer s’extingeix a poc a poc mentre braços immigrats ocupen els nous llocs de feina:

M’estimo l’horta escanyolida
que de la fàbrica es ressent,
i em plau voltar la meva vida
d’aquest paisatge indiferent.

I em plau l’estona virolada:
gent d’amanida i berenar.
Una donzella espitregada
i una cançó que fa plorar.

I l’home humil que a l’aire ensenya
un front valent i un ull esclau.
i va amb la gorra i l’espardenya
i el farcellet i el vestit blau
  Aquí jo veig que el món se m’obre
fred i terrible com la mort.  
Estimo l’horta desolada;
el presseguer ensopit que es mor,
i l’arengada platejada,
porró de sang, tomàquet d’or.

Jo vaig seguint la vostra dèria,
homes estranys de bones dents,
que tornareu a la misèria
una miqueta més contents!  

El temps

Candel, de nen alumne de l’escola pública –consorci de la Generalitat amb l’Ajuntament— al barri de Casas Barates, havia llegit versos de Sagarra als llibres de text i encara va tenir l’oportunitat de comentar-l’hi en una entrevista un any abans que el poeta morís:

«¿Ho sabia, vostè, que els infants dels suburbis, fills d’immigrants, hi aprenien el català, en aquests llibres?».



El temps ens neguiteja a tothom i ens fa pensar. Candel en fa les seves caravanes com a filòsof:

«Este fenómeno misterioso que todos llamamos tiempo y que por lo que parece todos estamos de acuerdo en que pasa, a lo mejor no, a lo mejor no pasa; a lo mejor está inmóvil y somos nosotros los que pasamos. Lo bonito sería demostrarlo. ¡Claro!»
(Candel. «Epílogo», a Donde la ciudad cambia su nombre, 1957)

El seu pas no ens deixa indiferents, d’ençà que creixem i ens fem grans.

«No volia créixer per no deixar d’estar abrigat i protegit. Els meus amics, al contrari, sospiraven per arribar al més aviat possible a ser grans, deien. A mi, els grans em semblaven sonsos i insubstancials, dues qüestions que eren si fa no fa el mateix, i m’ho semblaven no només perquè no jugaven, sinó perquè no sabien jugar.»
(Candel. «Tercera infància», a Primera història, primera memòria. 2006)





«Juego de niños: El paso o el marro». Oli sobre llenç de Francisco de Goya (1780), en dipósit al Museu de Belles Artes de València. Fotografia publicada a https://museobellasartesvalencia.gva.es/es/pintura/-/asset_publisher/KFeOnCE1wa8i/content/juego-de-ninos-el-paso-o-el-marro

Probablement la saviesa subterrània dels nens es devia a la natural capacitat d’absorbir l’ambient i a la manca de prejudicis. Així, els nens entenen allò que tant els costa als adults.



«[…] estoy contento de seguir ayudando, a costa del cargo de senador, como antes lo hacía a costa de la pluma, a mi prójimo, un prójimo concreto y no abstracto, ese prójimo que veo, padezco y sufro porque me da la lata continuamente, que es lo que siempre se tiene que hacer para que alguien te haga caso.»
(Candel. «Refugiados políticos», a Un charnego en el Senado. 1979)

«Darrerament els han posat traves per emigrar a l’estranger. Qui treballaria per als señoritos en el temps de la collita? El que no poden impedir és que vagin a altres llocs de la Península.»
(Candel. «Què passa a Andalusia», a Els altres catalans; 1964 i 2008).



El temps acostuma a ser un aliat i un enemic dels éssers humans, perquè en passar ens fa oblidar el que no compta i sí recordar l’important. A vegades i interessadament, al contrari. Com ara que les noves generacions de pares immigrants ja són catalanes

«Aquests van ser sempre catalans, no de tradició, no d’herència, no de costums, però sí de naixement. I qui creix i viu en un lloc difícilment deixarà d’ésser el que és aquest lloc.»
(Candel. «Els fills dels immigrants», a Els altres catalans. 1964 i 2008).

El temps —potser millor els homes— imposen silenci, i quan el calendari gira i ja es pot dir tot, ens demanem si haurien pogut estar d’una altra manera:

«Sí, probablemente, y sin la censura, todos hubiéramos sido otra clase de escritores. A lo mejor peores;
pero también es posible que, a lo peor, mejores.»
(Candel. «Breves palabras a la primera edición integra de esta novela», a Han matado a un hombre…, 2002).

Quan Candel va publicar Donde la ciudad cambia su nombre (1957), ja s’havia produït el desterrament de mossèn Cuspinera a un poble del Montseny i l’episodi de protesta dels veïns davant el bisbat demanant que hi romangués. No en va parlar aleshores.

«El Enrique llegó a tal especie de desmoralización y desquiciamiento que se largó unas semanas a Sant Pere de Vilamajor, donde estaba el rector mosén Jorge Lloveras Espriu, a quien habían sacado del Port.»
(Candel. «Bulos, anécdotas», a ¡Dios la que se armó! 1968).

Va ser l’argument de la novel·la Hemos sido traicionados (1982), quan ja havien passat massa anys. I tanmateix va recollir a Donde la Ciudad cambia su nombre la protesta dels veïns de Cases Barates contra el viàtic del mossèn i la processó de la Mare de Déu de Port. Efecte secundari de l’autocensura?

El temps de vegades no està per orgues, i deixa penjats d’un fil als éssers humans, fins que el fil acaba trencant-se. Quan la Pucha, mare del Grua, dona a llum un segon fill que mor al cap de pocs dies per desnutrició, el temps li passa per sobre definitivament:

«—¡No vendrá, ya verá usted como no vendrá! Si supiera que el chiquillo ha muerto… Pero no lo sabe. Y él no quería ningún crío más. Los tiempos están difíciles
(Candel. «Primera parte. La República», a Han matado a un hombre… ; 1959 i 2002).

El temps de vegades s’atura, o ho sembla, quan la tensió descarrega en forma de desenllaç sobtat, habitualment tràgic. Com ara el bateig de sang del Grua, qui, mentre agafava granotes, va sentir soroll i es va acostar a un grup de milicians que anaven a matar dos seminaristes, i els de la FAI li van demanar si volia fer-ho ell. Candel apunta, el Grua dispara:

«Los tiros eran como ladridos roncos en el crepúsculo enormemente dilatado. Parecía eso que se dice siempre: que el tiempo se hubiera detenido, pero lo parecía de verdad.»
(Candel. «Segunda parte. la guerra», a Han matado a un hombre…, 1959 i 2002).

El temps de la vida col·lectiva a vegades s’accelera, empès per un sistema econòmic que mai no té prou. Si al capítol «La família, valor universal», apartat de Joves de casa nostra, hem llegit a De qué trabajan cuando trabajan que a les feines –no oficis— del jovent de final de segle «la rapidez es como una obligación, aunque sea innecesaria», ara, la impressió que el temps s’accelera abasta també als adults.

A l’article Periferia, lo que antes era suburbio, publicat el setembre del 2004, ens parla dels canvis que experimenta el nostre voltant al llarg de la nostra vida. El cas sembla ser la velocitat a què els vivim, l’acceleració que ha pres la vida quotidiana i la que anomenem Historia.

Documentari de Xavi Esteban i Odei Etxearte (2020), en la plataforma Vimeo  https://vimeo.com/463771897

El temps és molta o poca memòria, però sobretot enormes quantitats d’oblit.

«El Grúa tenía siglos de edad. La vida se mide por hondos pozos de memoria. A lo mejor, no; a lo mejor tenía días. La vida se mide por hondos pozos de olvido y de despreocupación. Él hacía mucho que navegaba, pero no podía recordar cuánto.»
(Candel. «Cuarta parte: Ahora», a Han matado a un hombre, han roto un paisaje. 1959 i 2002).

La memòria combina espai i temps, amb una càrrega emotiva que els fixa tots dos als records.



A ¿Qué es el tiempo?, article publicat l’abril del 2004, ens parla dels ingredients del que recordem, i com de paradoxal resulta la seva combinació.

¿Qué es el tiempo?
 
Graham Greene no solamente es el autor de la novela El tercer hombre, sino también del guion de la película del mismo título que dirigió Carol Reed. En la secuencia de la enorme noria situada en el parque de atracciones vienés, los personajes Holly Martins, interpretado por Joseph Cotten, y Harry Lime por Orson Welles, enlairados en una barquilla de la gigantesca rueda, discuten unas cuestiones éticas. Cotten le reprocha a Welles su traficar con la penicilina. El segundo tranquiliza al primero respecto a su comportamiento soltándole una cínica y retorcida metáfora que encaja como un rompecabezas en la parábola del tiempo.
 
Durante los treinta años de la dominación de los Borja en Italia, no hubo otra cosa que terror, guerra y matanzas, pero durante ese tiempo surgieron genios como Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, y fenómenos esplendorosos como el del Renacimiento. Suiza, en cambio, tuvo quinientos años de amor y de paz, y ¿cuál fue el resultado? El reloj de cuco.
 
Siempre he pensado que el tiempo es un espacio estático que no transcurre, que somos nosotros los que pasamos. Einstein decía que espacio, tiempo y materia son lo mismo, y Hawking que el tiempo sobre la Tierra es curvo.
LM núm. 116, abril del 2004

No sabem si el temps és corb o pla, el que sí entenem sense necessitat dels sentits –o millor, contra el pronòstic d’aquests— és que mana d’una font il·limitada, que només s’explica tota sola i que és terrible. A Diario para los que creen en la gente, Candel desenvolupa aquesta reflexió:

«No tiene sentido el vivir eternamente. Somos porque tenemos memoria. En el principio de la vida –niñez, adolescencia, juventud—casi todo lo grabas fuertemente en tu intelecto y casi todo lo recuerdas, y probablemente ese casi todo te acompañará hasta el final de tu vida. Después los recuerdos van amazacotándose y desparecen sustituidos por otros, y cada vez, ante mayores vivencias, será más difícil recordar. Si viviéramos miles de años iríamos muriendo por un extremo, el que iríamos olvidando, y viviendo por otro, el que iría avanzando en el tiempo. ¿Qué haremos en la eternidad? ¿No almacenar recuerdos? ¿Estar solamente? Lo más completo, lo más logrado, lo más exacto, es desaparecer, y angustiarte ahora, pero luego de muerto ya no. Pues si lo analizas, la angustia de la eternidad, aunque sea una eternidad feliz, aunque sea una eternidad con Dios, es más sobrecogedora. Siempre, siempre… es algo monstruoso. Volver a la nada de donde saliste no tendrá importancia. No ser, que parece tan terrible, no lo es.»
(Candel. «Filósofo ful», a Diario para los que creen en la gente; 1973).



L’octubre del 1996, publica Señor San Jorge Manrique, Santo de mi devoción, que li permet de divagar sobre el sentit del temps, i preguntar-se si no embellim allò viscut quan ho recordem. Segur que sí, perquè la història no és com va passar, sinó com la recordem.

Señor San Jorge Manrique, Santo de mi devoción
 
Cuando Jorge Manrique llora en sus coplas la muerte de su padre, se va convirtiendo en el gran nostálgico del ayer: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar,/ que es el morir”; Machado añade: “¡Gran cantar!/ entre los poetas míos/ tiene Manrique un altar”. No hay en ningún verso de la lírica castellana –creo que ni en el de ninguna otra lírica—condensación más exacta sobre la tristeza del pasado, esa tristeza que siempre acompaña al hombre a lo largo de su existencia: “cualquiera tiempo pasado/ fue mejor”, dice también Manrique.
 
Pese a la subjetividad que el aforismo entraña, hemos de rendirnos a la evidencia. ¿Esos tiempos que ahora, agazapados en el rincón de la memoria, nos parecen buenos, eran así? ¿Estos tiempos de ahora, que ahora nos parecen malos, no serán buenos cuando dentro de años los evoquemos?
 
Antes, un antes cada vez más lejos, todo era, o nos lo parecía más prolongado, más consecuente, concretamente las costumbres, los usos, las modas y las traiciones. Ahora no. Ahora nos hemos arrojado alegre e insensatamente al [*] remolino de la insatisfacción. Pero ha llegado un momento en que diríamos que nos hemos arrepentido. Me gustaría seguir con la divagación.


[*] A l’original publicat, “insensantemente”, un error de impremta que pot ser interpretat de diverses maneres: Incesantemente / Intensamente / insensatamente. He triat la que em sembla més ajustada al context.
LM núm. 65, octubre del 1999

Ens acomiadem fins a la setmana vinent amb el record del temps cantat. Vet aquí la Cançó Temps era temps, de l’àlbum Tal com raja (1980), de Joan Manel Serrat. Al peu, fragments de la lletra:



Temps era temps…
que més que bons o dolents
eren els meus i han estat els únics.
Temps d’estraperlo i tramvies,
farinetes per sopar
i comuna i galliner a la galeria.

Temps d’Una, Grande y Libre…
Metro Goldwyn Mayer…
Lo toma o lo deja…
Gomas y lavajes…
Quintero, León i Quiroga…
Panellets i penellons…
Basora, César, Kubala, Moreno i Manchón.

Temps era temps…
que d’hora i malament
ho vam saber tot:
qui eren els reis,
d’on vénen els nens
i què menja el llop.
Tot barrejat amb el Palé,
i la Formación del
Espíritu Nacional
i els primers divendres de mes.

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