Sé que leerás esta columna en el 2026 pero mientras la escribo seguimos en el 2025. ¿Te cuento mi plan para Nochevieja? Es sencillo. Cerraré los ojos, pensaré en ti, en mí, en el abanico de posibilidades y esperanzas que se abren con el Año Nuevo y pediré doce deseos, uva por uva.
Uno: SALUD. Es lo más importante, ¿no te parece? Cuando la salud falla todo se complica y cualquier bien material pierde su valor.
Dos: PROSPERIDAD. Porque con el estómago vacío, sin un techo bajo el que cobijarse y sin dinero en el bolsillo las opciones se reducen al mínimo.
Tres: AMOR, cariño, afecto. De familia, de pareja, de mascota. ¿Qué sentido tiene una existencia sin amor?
Cuatro: AMISTAD. Auténtica, sincera. De personas que te apoyan, te escuchan y te aceptan tal como eres; esas mismas a las que tú apoyas, escuchas y aceptas tal como son.
Cinco: OPTIMISMO, alegría, buen humor, risas. Mejor ver el vaso medio lleno que medio vacío, sean cuales sean las circunstancias.
Seis: TOLERANCIA. Esa calle de doble dirección que nos conduce a todas partes.
Siete: RESPETO. Va de la mano del anterior y bastaría aplicarlo cada día —en un toma y daca continuo— para hacer de este un mundo mejor.
Ocho: SOÑAR. Perseguir los sueños, grandes o pequeños, es lo que hace funcionar el motor de la vida.
Nueve: PAZ. En su significado más amplio. Paz interior. Paz exterior. Una paz contagiosa que se propague hasta los confines del universo.
Diez: SERENIDAD para aceptar las cosas que no podemos cambiar.
Once: CORAJE para cambiar las que sí podemos.
Doce: Y SABIDURÍA para distinguir la diferencia.
¡Feliz 2026!
MAR MONTILLA

















