L’acomodador de maig

 

 

 

 

 

 

 

JUAN BIBIÁN //

La carrera de Emilio Martínez Lázaro nunca le encumbrará como uno de los grandes directores del cine español. Resulta bastante desconocida, irregular y hasta contradictoria, y sólo destaca el gran éxito que supuso ‘El otro lado de la cama’(2002) y su inferior pero aceptable continuación de 2005.Precisamente es gracias a otra comedia por lo que ahora mismo se encuentra, nuevamente, en el foco del panorama cinematográfico español, pues ‘Ocho apellidos vascos’(2014) suena a taquillazo. El público es muy receptivo a reír-se con (y no de) el cine patrio. La película trata el peliagudo asunto de las diferencias y encontronazos culturales en España con humor, en un momento tenso en el cual una mirada amable y divertida al tema resulta cuanto menos oportuna y, por qué no, ciertamente valiente. 

La acción transcurre durante unos días en un típico pueblo de Euskadi. Allí, dos jóvenes (un sevillano, que re-presenta lo cercano, y una vasca, lo ajeno) deberán fingirque son pareja ante el padre de la chica, pero las cosas seretorcerán como no habrían imaginado. Por supuesto, es-tamos hablando de una comedia romántica, algo improbable cabe decir, con todos los tics y convenciones que ello conlleva, pero prima es la risa por encima de todo. 

Hay que acudir sin prejuicios al cine para disfrutar de este gazpacho vascongado preparado con nuestros propios prejuicios. Reírse de estas cosas siempre viene bien,y en estos momentos mejor que nunca. Es saludable. La diversión no entiende de fronteras, sólo de carcajadas. Y‘Ocho apellidos vascos’, una sencilla pero efectiva y reco-mendable comedia costumbrista, genera unas cuantas.

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