RETAHÍLAS: CINCUENTAÑERAS

Mar Montilla

Resulta que soy una cincuentañera  —me gusta cómo suena— y no me había enterado. Recuerdo cómo era mi madre cuando tenía mi edad: muy activa, no paraba; trabajaba, incansable, dentro y fuera de casa —con los labios pintados y hecha un pincel, eso sí, porque siempre ha sido coqueta—. Aunque estoy segura de que si alguien le hubiese pedido que se definiera ella hubiera usado, orgullosa, estos términos: madre, esposa y ama de casa, por ese orden. En aquella época, hace casi tres décadas, a las féminas de mi quinta se las llamaba cincuentonas —¡qué horror!—, muchas ya eran abuelas, y se consideraba que en esta etapa de la vida se iniciaba el inevitable declive hacia la vejez. Por fortuna, esa visión de la mujer de entre cuarenta y pico y cincuenta y tantos ha cambiado de manera considerable, y creo que somos nosotras mismas las que hemos logrado que se nos vea con otros ojos. Las nuevas cincuentañeras  no solo no sentimos que se nos acaba la vida, sino que experimentamos un renacer. Las que tenemos hijos emancipados gozamos de gran libertad. Somos activas, con inquietudes intelectuales; cuidamos de nuestra salud y aspecto físico; defendemos nuestro tiempo y espacio, el derecho a disfrutar del ocio. Somos más sabias, porque las experiencias vividas nos han obligado a crecer. Algunas, además, somos «Swofty» —Single Women Over Fifty: mujeres de alrededor de cincuenta solteras— lo que, al parecer, nos convierte en un blanco tan atractivo como difícil de conquistar, porque tenemos muy claro lo que queremos pero, sobre todo, lo que no estamos dispuestas a tolerar.

FES UN COMENTARI

Please enter your comment!
Please enter your name here

Aquest lloc utilitza Akismet per reduir el correu brossa. Aprendre com la informació del vostre comentari és processada